Tomar la mejor decisión.

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Tomar la mejor decisión.

Cuando acabé el instituto, tuve que tomar una de las decisiones más importantes de mi vida, elegir qué carrera quería hacer. Yo he vivido siempre con mis padres en Madrid, ahora venía una etapa nueva en mi vida de la que yo estaba segura que iba a ser una buena, nueva y aunque dura, pero que marcaría mi futuro. Y así fue, me decidí a hacer la carrera en la Universidad de Segovia, que si que en Madrid tengo muchas universidades ( y pienso que de hecho son las mejores que puede haber en España), pero me di cuenta que necesitaba salir de mi nido, o más bien dicho del nido de mis padres, porque quería crecer ser independiente y estudiar a mi bola. Por eso decidí irme a otra ciudad, que ya veis que no me fui muy lejos, pero fue a posta, así tenía a mis padres cerca de mi pero lo suficientemente lejos como para vivir yo sola en otro sitio. El verano antes de empezar la carrera lo dediqué a buscar casas de alquiler por Segovia, y la verdad me costó un poco encontrar el sitio perfecto. Una chica que conocí cuando fui a hacer la matrícula a la universidad, me aconsejó una inmobiliaria que se encuentra justo en el centro de Segovia, que se llama segohouse, me decidí acudir a ellos y efectivamente, al final acabé alquilándolos la casa donde ahora, sigo viviendo, a ellos. Y el hecho es que cuando llegué me trataron muy bien, de una manera muy amable, escucharon mis necesidades y gustos, con respecto a cercanía a la Universidad, tipo de casa que me gustaría, e incluso mi presupuesto claro, porque algunos ahorros tenía de antes, más algo que me ayudaron mis padres al principio hasta que encontré un trabajillo, y juntaron todo eso y me dieron la casa perfecta y a un precio que se ajustaba a mi economía, y ya os digo que llevo varios años ahí y sigo bastante contenta.

La verdad es que al principio, aunque tenía ganas de volar del nido, me daba mucho miedo eso de vivir sola en otra ciudad, conocer gente nueva, no depender de nadie ya… pero he de confesar que me fue mucho mejor de lo que me esperaba. En la Universidad conocí gente maravillosa, que hoy en día siguen a mi lado, la carrera me fue bastante bien, con sus agobios propios en fechas de exámenes y trabajos, pero como en todas las carreras supongo, pero da gusto estudiar algo que realmente quieres. Y como os decía al principio, tuve que decidirme claro después de acabar el instituto, estaba entre varias opciones, unos profesores me aconsejaban una opción, otros, otra opción… me decían que yo valía para esas carreras, al final acabó ganando mi profesor de inglés. Seguí sus consejos y acerté, realmente, acerté. La verdad es que sentí que me encontraba en una encrucijada, todos me decían que la carrera que pegaba conmigo era, una, otra, otra… y creía a todos y no creía a nadie, supongo que a muchos os habrá pasado lo mismo. Pero al final, acerté, acerté de pleno.

Y es que tomes la decisión que tomes, va a afectar en tu futuro, a malas o a buenas, pero afecta. Tenemos que dar prioridad, a lo que queremos, a lo que se ajusta a nosotros, a nuestros gustos y economía. Pero hablo de tomar decisiones, ya en general, ya sean importantes o no. En un negocio por ejemplo, cada decisión que tomes es muy importante y sus consecuencias pueden afectar económicamente al rendimiento de la empresa. Por eso, si eres una persona muy impulsiva, trata de contar hasta 10 ( que parece que no pero funciona), meditar bien las cosas, los pros y los contras de todo, antes de tomar un decisión. Escucha a tus amigos, compañeros y familiares, a aquellos que te conocen, que saben del tema, a los expertos. Pero sobre todo, escúchate a ti mismo, date tiempo ( si lo tienes, que, a veces tienes que tomar decisiones muy repentinas), y sobre todo, de la decisión que tomes no te arrepientas, porque en su momento, era la que querías tomar.