El pequeño comercio infantil

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El pequeño comercio infantil

En tiempos de crisis, el ingenio se agudiza y surgen nuevas ideas o la posibilidad de nuevos desafíos. Si la vida nos impide pasar por una parte, lo normal es salir con la idea de entrar por otro resquicio. En un terreno laboral convulso y delicado, las ideas surgen frescas y llenas de ilusión para combatir el frío. Es el caso de las tiendas de ropa y material de niño. Personalmente yo conozco a estos proveedores de ropa infantil que han experimentado un ascenso del volumen de pedidos y una diversificación de su lugar de destino en los últimos tiempos. ¿A qué se debe? Pues, precisamente, a las nuevas aperturas de tiendas especializadas en material para los más pequeños que se alejan del modelo establecido con anterioridad de grandes almacenes o superficies destinadas a este mismo cometido.

El trato personalizado al cliente se impone frente al comercio mayoritario de las grandes superficies, en las que buscar y rebuscar la prenda es la máxima. En el distinto caso de una tienda especializada, evidentemente, el servicio ofrecido es mucho más profundo y el consejo que la dependienta o dependiente, dueños si lo fuesen, además de trabajadores, es mucho más personal y valioso que el que podemos recibir en una gran tienda de las que encontramos en cualquiera de los enormes centros comerciales que se sitúan a las afueras (en el centro también, pero en menor cantidad) de las grandes ciudades.

En un momento en el que el comercio minorista prevé que las ventas suban (sobre todo en esta campaña de navidad, en la que se pronostica que cada persona gastará en torno a los 700 euros en este tipo de comercios), las tiendas de ropa infantil pueden ser unas de las grandes beneficiadas del ascenso. Es cierto que, por primera vez en muchos años, la pirámide de población ha experimentado un crecimiento negativo. Sin embargo, siguen naciendo niños y sigue siendo habitual regalar una pieza de vestuario, un detalle o cualquier tipo de regalo con el que felicitar a los padres. La tendencia indica que, en estos casos, la experiencia y la personalización en la atención al cliente empieza a ganar a la variedad y la diversidad de modelos que se pueden encontrar en los grandes almacenes.

Es evidente que un comercio en el que no se está sujeto a los grandes objetivos de ventas, en el que se recibe una cantidad de afluencia menor en el caso de los clientes y en el que el principal sustento lo proporciona el boca a boca de los vecinos del barrio (o en los tiempos actuales, también la venta por internet), la dedicación y el tiempo destinado a cada transacción y a cada persona que entra en la tienda es mucho mayor. Si a todo esto, le sumamos la posibilidad que ofrecen determinados proveedores de ropa y material para niños de formar parte de una red de establecimientos franquiciados, en los que el dueño de la tienda seguirá siendo el principal organizador del establecimiento (por lo que, en cierto modo, hará la tienda a su manera y la regirá a su imagen y semejanza), la posibilidad de montar un negocio personal y único es cada día más real.

En algún caso he escuchado que la ropa infantil no necesita de una calidad tan exquisita como puede precisar la de los adultos, que tiene que aguantar mucho más tiempo. Sin embargo, esta idea rechina mucho; no porque los niños gasten antes la ropa deberíamos de renunciar al sello de calidad que proporcionan marcas especializadas en este tipo de mercados. Al contrario, la calidad tendría que ser primordial, aunque vaya a ser para menos tiempo. En cualquier caso, las tiendas especializadas ofrecen un catálogo diverso y variado para que cada padre o madre pueda elegir a su antojo la ropa y los materiales adicionales para que su niño vista a la moda y con el sello de calidad que merece. Para ello trabajan en la sombra los mayoristas de ropa infantil, que contribuyen a que nunca falte ninguna pieza en los escaparates y los almacenes de los pequeños comercios.

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