La tecnología, aliada para la limpieza de la empresa

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La tecnología, aliada para la limpieza de la empresa

La tecnología es la mejor aliada del ser humano para la mejora de su calidad de vida. El desarrollo de la tecnología en ciertos sectores, como la medicina e incluso la limpieza industrial, contribuye además a que esta calidad de vida se vea acompañado de un notable progreso en el campo de la salud y el bienestar. Muchos de estos avances indispensables son producto de la innovación empresarial, como por ejemplo representa la firma Tierra Tech, especializada en sistemas de limpieza mediante ultrasonidos. Y es que, como decimos, la limpieza, con sus exigencias cada vez mayores de eficiencia provenientes de la administración pública e incluso de los protocolos de prevención de riesgos laborales, es uno de los terrenos donde la tecnología se encuentra en posesión de la última palabra.

En este sentido, la limpieza mediante ultrasonidos ha conquistado una importante parcela de aplicaciones, puesto que su uso se desarrolla en el ámbito industrial –limpieza de componentes electrónicos, despeje de circuitos conductores, inyectores de gasolina, depósitos de material oleoso, matices y filtros,…-, en el de la joyería -joyas y alhajas, metales preciosos, piezas de orfebrería,…-, sectores de precisión como la relojería y la óptica -relojes, maquinaria de medición, instrumentos de alta precisión, aplicación en monturas, en la limpieza de cristales, el aclarado de lentes de contacto,…- y hasta sectores donde la higiene es un elemento fundamental e indispensable, como la investigación científica –limpieza de instrumental de laboratorio, desgasificación de líquidos, disrupción de células, descomposición de sustancias radiactivas,…- y la medicina –esterilización y lavado de instrumentos quirúrgicos, pinzas, sondas, escalpelos, bisturís, fórceps, material de odontología,…-.

Las razones se encuentran en el elevado grado de desarrollo que posee la técnica de limpieza por ultrasonidos, basado en la tecnología punta. Las ondas de alta frecuencia son, en cierto modo, el cepillo metafórico que emplean las máquinas de limpieza por ultrasonidos. Por lo general, estas máquinas constan de un recipiente que se llena de agua y que es donde se deposita el objeto a limpiar. Por otro lado, el sistema mecánico de estos ingenios es capaz de producir pequeñas ondas de choque por encima de los 20 kilohercios de frecuencia. De este modo, el impacto repetido de las ondas contra los restos de suciedad del objeto contenido en el recipiente con agua ejerce una fuerza física suficiente como para destruir los enlaces mecánicos e iónicos de la suciedad o las impurezas incrustadas en los materiales. Por medio de los controles de la máquina, el operario puede ensayar variaciones en la mayor o menor fuerza de las ondas creando las denominadas depresiones y sobrepresiones, las cuales, alternadas en imperceptibles fracciones de segundo, provocan la implosión de las moléculas de agua a una velocidad de 40.000 veces por segundo. La escala microscópica de estas ondas y el poder de esta técnica, cuyo nombre científico es “cavitación”, permite que la limpieza alcance con suma facilidad los reductos inexpugnables de piezas de ingeniería y precisión como el mecanismo de un reloj sin dañar en modo alguno su funcionamiento, puesto que el sistema tan solo es agresivo con las incrustaciones de suciedad.

Otra técnica revolucionaria de limpieza tecnológica es la de la luz ultravioleta, muy apreciada en la industria alimentaria por sus condiciones altamente higiénicas. Una fuente de luz ultravioleta puede actuar como desinfectante de una superficie de agua, aire o materia y erradicar de ella microorganismos bacterianos virus y hongos, reduciendo con ello o inclusive suprimiendo la necesidad de emplear productos químicos o detergentes. El secreto está en que la longitud de 254 nanómetros destruye en segundos el ADN de todos los microorganismos sobre los que se aplique. Solo con la luz ultravioleta a Aparte la creación de ozono que facilita la UV a 185 nanómetros ya se pueden extinguir los olores y depósitos de grasa asociados al cocinado y al procesamiento de los alimentos. Y ni siquiera semejante longitud es necesaria para muchos de ellos, caso de bacterias tan peligrosas como las de la Salmonella, la Listeria y la E. coli, de membranas celulares más frágiles y finas, que se pueden destruir con menor potencia y mayor rapidez –al contrario, por ejemplo, de las esporas del moho, dueñas de una membrana más gruesa que demanda una dosis entre diez y cien veces más elevada-.

Gracias a estas características, la luz ultravioleta se usa en la desinfección de las cintas transportadoras habituales en la industria cárnica. A tenor de su funcionamiento, aplicado en el interior del mecanismo que impulsa circularmente la cinta, la luz ultravioleta supone una notable reducción en la utilización de recursos como agua y detergentes y del tiempo de los empleados que deberían acometer dicho trabajo, lo que redunda en un ahorro económico y una contribución a la sostenibilidad ecológica de la empresa.

La luz ultravioleta es también cada vez más frecuente en otros apartados del sector alimentario como la industria láctea -donde se aplica en el envasado el envasado de los productos de la leche fresca, como el yogur o los quesos cremosos y en la conservación de la cadena de frío en los estantes y expositores de estos productos- o en la panadería –donde previene la aparición de moho en estos productos altamente perecederos-. Es el mismo recurso que, por otra parte, se aplica en los conductos de ventilación de los edificios para evitar la formación de núcleos de moho o de nidos de salmonella, perniciosos para la salud de las personas.